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Jun 17

Te juro que es la primera vez…

No era por su pelo, suave y brillante, ni por sus ojos que desprendían chispas al atravesar los míos, no eran sus curvas, que se cimbreaban ante mi con el sinuoso movimiento hipnótico de las serpientes, no era su sonrisa, presentada en forma de unos labios carnosos y tersos que invitaban al deseo, no sabría decir que era, pero esa mujer me volvía loco.

Después de sacar todo mi arsenal de encantos conseguí que fuéramos a pasear un rato, para que nos diera el aire y así poder estar a solas con ella en un lugar mas intimo.

Las dos o tres copas de mas y las horas que rondábamos conferían a nuestra improvisada relación ese toque de confianza y deshinibición que serian lo que harían posible que mis fantasías con aquella mujer se hicieran por fin realidad.

Entre miradas cómplices y sonrisas tímidas nos fuimos acercando mas el uno al otro y por fin me invito a su casa, ya que estaba sola. La noche prometía dar un respiro a mi casta existencia, así es que decidí acompañarla.

Cuando llegamos a su casa ya no había quien pudiera detener semejante pasión desatada: en el taxi nos empezamos a fundir en besos cada vez mas prolongados mientras nuestras manos se perdían entre la ropa, ávidas de conocer los secretos que escondía, y el taxista no quitaba los ojos del retrovisor.

Entre tambaleos y tropezones conseguimos llegar a la habitación sanos y salvos mientras la ropa desaparecía al mismo ritmo con que las caricias se hacían mas y mas atrevidas.

Cuando al fin estábamos desnudos sobre la cama, los dos ya habíamos podido observar que estábamos listos para lo que la noche trajese y, por la apariencia de los “miembros” interesados, parecía que esta iba a traer muchas horas de devaneos.

Se tumbo bocarriba en la cama y, ofreciendo las plantas de sus pies a la luna, alzo sus brazos y me dijo: “Ven, quiero sentirte dentro”. Lentamente fuimos acoplando los nuestros cuerpos demorándonos aun mas en caricias que servían de freno a un impulso, que de otra forma desbocado, podría haber sido de puro instinto salvaje y dar al traste con tan bella escena. Levante la cabeza y mire sus ojos excitados, su boca semiabierta, jadeante…

Y entonces sentí como se acababa la noche.

Mi cara quedo petrificada en el gesto de desconsuelo y decepción mas real que un hombre puede expresar y ella, metiendo el dedo en la yaga dijo: “Que te pasa, cielo?”

Esa es una pregunta interesante… Que acabo de quedar como un idiota? Como un niño de 16 años que no sabe controlar sus impulsos? Que acaba de terminar en decepción una noche que empezó como una ilusión, continuo en una esperanza y me lleno de deseo hacia ti? Que no hay lugar en la tierra donde se debe estar mas a gusto ahora mismo que debajo de la tierra?

El caso es que ella puso su buena intención, se preocupo por mi salud y por mis problemas personales, después de haber descartado mediante besos convincentes y juramentos descabellados que no era por ella. Pero lo cierto es que ella se había quedado con las ganas y a mi me dolía la virilidad.

Pero aun me quedaba un ultimo recurso para intentar salvar mi hombría de tan penosa situación, y decidí quemar el cartucho.

Puse cara de profunda preocupación, aspire profundamente, la mire a lo ojos y la dije:

No se que me ha pasado, te juro que es la primera vez.

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