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Jul 07

Pensamientos

Aquella noche hacia mas calor de lo normal, me encontraba
nervioso y tenso. Decidi salir a dar una vuelta a ver si me despejaba.
Madrid de noche siempre ha tenido algo especial para mi, su pulso es mas
suave, mas tranquilo, pero a la vez mas peligroso.

Las subespecies suburbanas se despliegan entonces por la calle
con toda su parafernalia de condiciones, aspecto, ideales y normas
implicitas. Hay que saber por donde se anda. Hay que saber, y a mi me
gusta saber de la noche, de sus pastilleros, sus prostitutas, sus jonkis,
borrachos y viciosos, pero tambien de sus amigos, de sus buscadores,
curiosos e inconformistas, de su quietud, del color que toman las cosas
tan diferente al del dia, de como las personas cambian y se muestran
diferentes, como actuan arrastrados por algo que no se puede definir. Lo
llamamos amistad, juerga, noche loca o pedo, pero en el fondo es nuestra
huida, nuestra huida de una cuidad que se nos come, nos anula y nos hace
pequeños, insignificantes en un sitio donde hay demasiados como nosotros,
donde la competencia no es una elecion sino un modo de supervivencia,
donde quedarse atras es lo comun y ese esfuerzo, esa tension que subyace
en todos los actos, en todos los puntos de la vida nos agota,
necesitamos escapar, no es justo pedir que un ser normal, lleno de
sentimientos que no son mas que el reflejo y la amalgama de recuerdos,
educacion, miedos, complejos y sueños, sea un superhombre y resista todo
eso sin una valvula de escape. La noche nos brinda la oportunidad de
transformarnos no en quien no somos, sino en algo que se parece mas a lo
que en realidad querriamos ser.
La noche no solo es alcohol y marcha. La noche es reencuentros,
encuentros, descubrimientos, sensaciones a flor de piel que se
multiplican por inauditas o extrañas. La noche esta llena secretos, de
confesiones, de descubrimientos cegadores y de situaciones donde la
probabilidad de la adaptacion es muy baja y sin embargo es posible y
facil. La noche esta llena de concesiones, a uno mismo y a los demas.
Y la noche no es una sino muchas, y pueden ser todas a la vez o
ninguna, la noche no promete, no da, solo ofrece, tu lo tomas. Hay
noches de sexo, noches de alcohol, noches de risa y de llanto, noches de
silencio y soledad y noches de conversacion y amistad, hay noches en las
que no pasa nada, y hay otras que te cambian la vida por completo.

La calle estaba transitada por los personajes mas pintorescos y
representativos de lo que llamamos tribus urbanas. Todos caminado,
buscando su noche entre todas las noches. Yo no buscaba la noche, sabia
que la encontraria por que de la noche no se puede escapar siempre te
atrapa en detalles, alli donde tu guardia esta mas baja.
Segui una corriente de gente que parecia tener un rollo
agradable y acabe en Huertas, me dedique a pasear y a observar los
sitios, me sorprendio el petardeo que alli habia, descaradas y gays
alborotaban la calle alegremente con su vision desenfadada de la vida y
su lema de “mañana se puede acabar”. En general se vive al dia (Seria
mejor decir a la noche) y lo que ocurre hoy no influye en el mañana,
mañana las cosas seran diferentes, sera otra noche.
Entro en un bar. Bar de ligue, la gente mira constantemente de
reojo y cada vez que se abre la puerta, las cabezas, como sincronizadas
con las bisagras reaccionan volviendose como si esperaran ver llegar a
aquel o aquella que pueda hacer esa noche inolvidable. Pido un Martini y
me acodo en la barra, observando. Cambian de Dj y ahi esta, el techno
empieza a zumbar y los cuerpos, como arrastrados por un sortilegio
magico siguen el ritmo, unos abiertamente, otros timidos, ya ha empezado,
la noche se mueve!!!
Cambio de sitio, la musica esta demasiado baja y las luces
demasiado altas, se lo que busco, por eso lo encuentro rápido, olfateo y
localizo. Bajo a un sótano, el aire esta cargado, la luz muy tenue, solo
existe la musica, que vibra incesante y retumba en todo mi cuerpo,
sacudiéndolo y meciéndolo a la vez. Voy a la zona de baile, gente
sudando se mueve al ritmo sin poder parar, un sonido bajo y constante
llena el ambiente, la luz, azul. Me sumerjo en el sonido bajo mientras
dejo que me cubra su sonido pesado, pastoso, los platillos comienzan a
burbujear sobre la superficie del sonido bajo. Brillantes, constantes,
rítmicos, una nota de color dorado sobre una base demasiado pobre,
demasiado gris. De pronto surge el ritmo, de sorpresa, el no sabe que
hace allí, yo tampoco, le observo, se anuncia, demuestra de lo que es
capaz, su potencia, su fuerza, poco a poco se retuerce, se encoje, se
estira y se acopla, se convierte en el amo y yo ya estoy atrapado, se
que me llevara muy lejos, allá donde no ha estado nadie y nadie mas
estará, a mi mente.
Me impone el movimiento y me dejo llevar, mis piernas repiten lo
que el dice con la mayor exactitud porque es el único punto de referencia
en un sitio donde el lenguaje es el cuerpo. Necesito explotar, necesito
subir mas, porque ya noto que el nudo se deshace y que el trance me
domina. Entran las espirales, con su color, el ritmo las anuncia con
redobles que se aceleran y que estallan en la frase de la espiral, su
sonido es circular, no deja de moverse y mis brazos lo quieren atrapar,
ya si que no puedo escapar. Hablo con el, lo buceo, me sumerjo y me dejo
elevar mientras la espiral sube y sube, ahora cambia y se vuelve como
una cuerda, tira de mi y después me suelta, el ritmo para y de pronto
resurge con toda la melodía al completo, todos esos sonidos son mas de
lo que puedo asimilar, pero no lucho, no estoy alerta ni me siento
invadido, me dejo llevar y me mece, me esclaviza mientras me libera y me
siento flotar.
No puedo parar, mi cuerpo pide mas y mas, estoy agotado pero
feliz y sigo bailando. Las luces destellean siguiendo el trazo uniforme
del ritmo y los cuerpos se agitan al unisono mientras el Dj lo eleva mas
y mas. El ritmo sigue yendo y viniendo en oleadas que arropan las
espirales que cada vez son mas extrañas, mas inidentificables, mas
ajenas todo lo que nos rodea hasta que pierdo totalmente la noción de
todo. Solo musica y mi cuerpo, que no puede parar de moverse. Mi mente
vaga entre luces, olas y colores que se desplazan, que suben y bajan.
Las columnas del ritmo, atrás al fondo, monolíticas, inquebrantables
suben y bajan con cada pulsión. Las espirales se difunden por todo el
ambiente, algunas como oleajes que cubren la superficie, otras como
entes de colores que adoptan formas geométricas que no dejan de cambiar,
de acercarse y alejarse y después todo tipo de sonidos que existen
difusos, desconectados, aleatorios y que llenan el espacio de
chisporroteos y de agitación.

Cuando por fin salgo del ritmo, de las espirales y de los
colores ya no soy la persona estresada, encogida y tensa de antes, ahora
soy alguien relajado no por que la musica en si provoque eso sino por
todo lo que he echado fuera en la pista, toda la tensión, toda la
adrenalina, toda la rabia y la impotencia que crea la ciudad que
curiosamente, ya no es tan grande ni me acongoja tanto.

Y mientras camino, todavía mecido por las olas de luz, todavía
transportado por la pulsión de lo mas primitivo e inconsciente del ser
humano, el ritmo, veo tu rostro en mi mente con una nitidez absoluta y
mientras reconstruyo tu rostro para acariciarlo, deseo que estés a mi
lado, por que querría compartir esto contigo.

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